sábado, 19 de marzo de 2011

María Dhialma Tiberti



Andar...


Tengo ansias de andar.
De encontrar en algún sitio
el nombre exacto
de la vida.
Dejar atrás los seis círculos
que me atan
a los troncos yertos,
y detener la mirada
sobre un horizonte
de nuevos ríos.
Hallar la luz
que no da sombra
y las mil facetas
de un canto sonoro.
Tengo ansias de andar
y de andar, hasta dar con el fin
de este cielo recto.



Y la nostalgia

Y a veces la nostalgia desnuda los dedos
sobre cada cosa. Y pienso en voces, en gestos lejanos,
insustituibles y profundos.
Tu mirada donde resbala el color del musgo
hacia la última vertiente del otoño,
allí donde florecen los pájaros heridos
y las gotas de luz y los silencios.

Es tan fácil pensar en tonos distantes
cuando golpean en la ventana
los ángeles de lluvia
y la sombra se estira blandamente inclinada
dibujando mapas antiguos e inciertos.

La nostalgia tiene el talle fino y las manos azules.
Aprieta las cosas, los aromas;
se quiebra en pimpollos salados;
se prende fugaz a los objetos, al aire;
crece en la luz, se desmaya en una
casi sonrisa.

Pienso en tiempo de trigos,
en tiempo de ausencias, de lloviznas.
En perfiles nítidos, metálicos, inconfundibles
entre las multitudes,
encendiéndose de pronto, como lámparas.
Es tan sencillo constuir nombres
cuando la tarde
se absorbe en sí misma en las violetas
y después y después.

Nostálgica.
Cuando se está solo sin soledad
oyendo rumores imprecisos que nacen en la distancia
y buscan su sitio en el mapa de sombras.
*
Y después aun.
Cuando las sonrisas inician sus viajes
en derredor de los retratos,
y las palabras vuelven, tangibles,
en voces tangibles y absurdas.
Y en las noches, llenas de ángeles mojados
y de ríos lejanos que sollozan
entre juncos perdidos.

Ah, después todavía.
-Porque es tan fácil pensar en lo imposible
mientras se humedece el hálito de musgo en tu mirada
y ahora realmente, quién sabe dónde aletea,
entre qué pájaros.
Y a veces la nostalgia esparce sus cabellos
junto a mis labios
y se arrodilla sobre los espejos, temblando.

Y entonces pienso en voces, en gestos,
precisos, definitivos en luz del otoño;
otoño en territorio de llanto.

Cuando abril resbalaba lentamente
y en tus ojos cerrados se construía un mundo
y después, todavía después;
cuando pusiste el amor en agua
para que no se marchitara.
Ah, nostálgica;
y ahora que para iluminar un rostro
necesito de las lágrimas.

María Dhialma Tiberti: nació en La Plata, Buenos Aires, Argentina el 25 de octubre de 1928. Estudió Letras e Historia en la universidad local, estuvo a cargo de la colección Ediciones del Bosque. Como escritora recibió innumerables menciones honoríficas y premios literarios.

AOC.®.2011

6 comentarios:

Jorge Muzam dijo...

Siento un particular apego por tus blogs, Antonia. Los tengo enlazados desde hace un tiempo en Cuadernos de la ira.

Un abrazo

antonia obiol y corcoll dijo...

Jorge no imaginas lo dulce y grato de tus palabras, normalmente uno piensa que anda echando al aire solo aire que rebota en cerros solitarios.

También me resulta importante que tengas ira, que vivas en San Antonio y que tengas en la piel tu tierra de San Fabián de Alico, y que no pases de largo...

Un abrazo
AOC.

Idolidia Glez dijo...

Simplemente precioso ! Magnífica elección. Me encantó! Un abrazo.

antonia obiol y corcoll dijo...

Gracias, un gran abrazo para ti.

AOC

RECOMENZAR dijo...

gracias por compartir con nosotros tu blog
Es muy bello

antonia obiol y corcoll dijo...

Gracias a ti MuCha por andar por estos litros que algunas veces uno deja olvidados.

Un saludo grande
AOC